En medio de la incertidumbre política y la polarización en Estados Unidos, la relación de Washington con Beijing sigue siendo un punto central de tensión y análisis. La reciente temporada de elecciones presidenciales ha captado la atención global, especialmente en China, donde la expectativa de un segundo mandato de Trump o una posible presidencia de Kamala Harris genera profundas implicaciones. Desde Beijing, los estrategas políticos ven con escepticismo las diferencias entre los candidatos, detectando en ambos enfoques una línea común: un compromiso con el enfoque de competencia estratégica hacia China.

COMPETENCIA ESTRATÉGICA BIPARTIDISTA: LA PERCEPCIÓN CHINA SOBRE LA CONTINUIDAD DE POLÍTICAS BAJO TRUMP O HARRIS

El cambio en la política de Estados Unidos hacia China se hizo evidente con el mandato de Donald Trump en 2016, cuando la Casa Blanca adoptó un enfoque de confrontación directa. Hasta ese momento, el enfoque hacia Beijing había oscilado entre el compromiso y la rivalidad, pero con Trump, China pasó a ser vista como un adversario económico y tecnológico. La administración Trump implementó aranceles agresivos, limitó las inversiones tecnológicas y formuló una narrativa de competencia que consideraba a China una "potencia revisionista". Sin embargo, cuando la administración Biden tomó el poder, el cambio esperado no se dio; en cambio, la postura adversa hacia Beijing se fortaleció. Esto ha llevado a la consolidación de un consenso bipartidista que percibe a China como una amenaza estratégica, con una creciente cantidad de voces que sugieren una nueva "guerra fría".

Desde la perspectiva de China, esta continuidad entre los dos partidos en su enfoque hacia Beijing responde más a las dinámicas internas de Estados Unidos que a un cambio en sus prioridades internacionales. Las tensiones políticas en Washington han elevado a China a un tema central para ambos partidos, y Beijing interpreta que, más allá de las diferencias partidistas, la visión estadounidense sobre China se está unificando bajo un enfoque de competencia, moldeado por preocupaciones económicas, tecnológicas y de seguridad nacional.

EL PESO DE LA POLÍTICA INTERNA EN LA RELACIÓN ESTADOS UNIDOS-CHINA: ENFOQUES DE LA POLÍTICA EXTERIOR EN UN CLIMA POLARIZADO

La estrategia de Estados Unidos hacia China no es únicamente el resultado de análisis geopolíticos, sino que responde profundamente a las preocupaciones domésticas. La narrativa de "Estados Unidos primero" de Trump y el lema de Biden de una "política exterior para la clase media" revelan la relación intrínseca entre los intereses internos y la política exterior. Trump se inclinó hacia el proteccionismo en respuesta a la insatisfacción de los votantes con la globalización y sus efectos sobre el empleo y la economía nacional. Así, su administración implementó barreras comerciales, limitó la inmigración y restringió la participación en organismos internacionales, centrando la política exterior en la economía doméstica y la seguridad nacional.

Por otro lado, la administración Biden ha mantenido esta línea, aunque con un enfoque menos confrontativo. Biden ha buscado impulsar políticas industriales internas y establecer normas internacionales que protejan los intereses de la clase media estadounidense, mostrando que la relación con China sigue ligada a las demandas de los votantes. Asimismo, la crisis de fentanilo, que vincula tanto a la seguridad nacional como a la cooperación internacional, ha demostrado cómo temas internos se trasladan al ámbito de las relaciones exteriores. La administración Trump implicó a China en esta crisis y, aunque Beijing respondió positivamente, el Congreso continúa responsabilizándola por la entrada de fentanilo a través de México. Este enfoque destaca cómo temas internos se proyectan en la política exterior y mantienen una actitud firme hacia Beijing.

DIFERENTES ENFOQUES EN WASHINGTON: NUEVOS GUERREROS DE LA GUERRA FRÍA, GESTORES DE COMPETENCIA Y ACOMODACIONISTAS

Los enfoques hacia China dentro de Washington pueden dividirse en tres grandes tendencias. La primera, representada por los “Nuevos Guerreros de la Guerra Fría”, ve la relación con China como una competencia de suma cero. Este grupo considera que Estados Unidos y China están en una nueva "guerra fría" que solo puede ganarse mediante tácticas agresivas, al estilo de la estrategia de Ronald Reagan hacia la Unión Soviética en los años ochenta. Bajo este enfoque, figuras como el excongresista Mike Gallagher argumentan que Estados Unidos debe "ganar, no gestionar" la competencia con China, reflejando una postura rígida que enfatiza la confrontación.

La segunda tendencia, los “Gestores de Competencia”, percibe la competencia como una condición que puede gestionarse. Esta perspectiva, originada en un artículo de Kurt Campbell y Jake Sullivan en 2019, sostiene que la competencia con China no es necesariamente un juego de suma cero y, por lo tanto, propone una estrategia que permita la coexistencia. Sullivan, junto con otros funcionarios, sugiere que liderar la competencia y luego buscar cooperación en áreas de interés mutuo es una estrategia efectiva para gestionar las relaciones con Beijing sin aumentar la hostilidad.

Finalmente, los “Acomodacionistas” comparten la desconfianza hacia el sistema político de China, pero temen que la competencia descontrolada pueda derivar en confrontación. Académicos como Jessica Chen Weiss y James Steinberg rechazan una guerra fría con China, afirmando que las guerras frías son inherentemente peligrosas y podrían fortalecer el autoritarismo en lugar de debilitarlo. Los Acomodacionistas creen que reducir los riesgos de conflicto y fomentar la cooperación en temas globales como el cambio climático y la salud pública es un enfoque que serviría tanto a los intereses de Washington como a los de Beijing.

TERRITORIO SEGURO O REDES GLOBALES: CÓMO CHINA ENFRENTA LA RIVALIDAD CON ESTADOS UNIDOS

Desde Beijing, los estrategas observan con cautela las implicaciones de un nuevo mandato de Trump o una administración de Harris. En el caso de Trump, sus políticas podrían inclinarse hacia un enfoque más proteccionista y agresivo, con la posible imposición de aranceles del 60% a todos los bienes chinos y la eliminación de relaciones comerciales favorables. Asimismo, Trump podría recurrir a una estrategia de "grande terreno, alto cerco", que expandiría la protección de tecnologías críticas, aislando aún más a China. Sin embargo, dado el interés de Trump en hacer acuerdos, es posible que busque compromisos bilaterales en sectores como bienes de consumo y tecnología. También podría usar a Taiwán como una moneda de cambio, aunque esta estrategia probablemente sería rechazada por los asesores y por Beijing.

Por su parte, una presidencia de Harris mantendría la línea de Biden, intensificando la competencia estratégica pero bajo un enfoque más organizado y predecible. Harris continuaría el esfuerzo de Biden por consolidar una coalición de países asiáticos y occidentales para contrarrestar la influencia china, adoptando una postura multilateral que atraería a otros aliados, algo en lo que Trump ha sido inconsistente.

CAUTELA ESTRATÉGICA: CÓMO CHINA PRIVILEGIA SU ESTABILIDAD INTERNA SOBRE LA CONFRONTACIÓN

La principal prioridad de Beijing sigue siendo su estabilidad y desarrollo interno. La situación en Estados Unidos se percibe como volátil, mientras que China busca proyectar una imagen de cohesión política bajo el liderazgo del Partido Comunista. A pesar de los desafíos económicos y las cifras de crecimiento menores a las esperadas, el gobierno de Xi Jinping ha mantenido una estrategia de reforma profunda y modernización. En este contexto, aunque las relaciones con Washington son importantes, China no pretende antagonizar innecesariamente, sino que busca proteger su seguridad nacional y fortalecer su autosuficiencia.

No obstante, China se está preparando para una mayor turbulencia en sus relaciones con Estados Unidos. En 2023, Xi Jinping denunció que los países occidentales están implementando una política de contención y supresión contra China. Frente a este escenario, el liderazgo chino refuerza su enfoque cauteloso, manteniéndose firme en temas considerados sensibles, como Taiwán y sus disputas en el Mar de China Meridional. Aunque la confrontación parece inevitable en ciertas áreas, Beijing seguirá priorizando su estabilidad interna, gestionando cuidadosamente su relación con Washington para evitar una crisis mayor.

FUTURO EN TENSIÓN: ¿SE INCLINARÁN ESTADOS UNIDOS Y CHINA HACIA EL CONFLICTO O LA CONVIVENCIA?

Con expectativas limitadas sobre un cambio en el enfoque de Estados Unidos hacia China, Beijing se prepara para una relación tensa pero manejable con Washington. Aunque un acercamiento completo parece improbable, ambas naciones pueden evitar una catástrofe y mantener un equilibrio en sus relaciones, cualquiera sea el próximo presidente de Estados Unidos.