El Tratado de Libre Comercio de América de Norte, conocido en inglés como NAFTA, entró en vigor hace 30 años. Desde que se aprobó este acuerdo ha tenido un gran peso en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.
Los comicios dependen ahora en gran medida de tres estados industriales de Estados Unidos perjudicados por el tratado con México y Canadá.
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), firmado en 1993, transformó la relación comercial entre Estados Unidos, México y Canadá. Aunque fue presentado como una herramienta para impulsar el comercio y el crecimiento económico, el TLCAN tuvo efectos profundos y contradictorios en la economía y la política estadounidense. Exploramos cómo el tratado cambió la estructura industrial del país, debilitó a los sindicatos, y reconfiguró el panorama político, provocando descontento en regiones industriales clave y alimentando el surgimiento de movimientos políticos populistas.
Dos visiones enfrentadas sobre el libre comercio
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se originó en medio de una larga disputa entre dos visiones contrapuestas de la política comercial. Por un lado, se encontraba la defensa del libre comercio, que promovía la eliminación de barreras para la circulación de capitales y mercancías, sin priorizar las consecuencias sobre el empleo y los salarios. Por el otro, estaba la visión que daba mayor importancia a las preocupaciones laborales y ambientales, situando estas consideraciones por encima de los intereses económicos de crecimiento y rentabilidad. Estas dos corrientes ideológicas marcaron el debate económico de la segunda mitad del siglo XX, con el TLCAN como un hito clave en la consolidación de la visión neoliberal.
Después de la Segunda Guerra Mundial, se hicieron esfuerzos por regular el comercio global mediante la creación de la Organización Internacional del Comercio. Sin embargo, estos esfuerzos fracasaron, en gran parte debido a la oposición de líderes políticos estadounidenses, como el senador Robert Taft, quien rechazó las disposiciones laborales y antimonopolio incluidas en los estatutos de la organización. Como alternativa, en 1947, Estados Unidos firmó el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), que eliminó muchas restricciones comerciales pero omitió protecciones laborales obligatorias. Este acuerdo fue una pieza clave en el desarrollo de la economía neoliberal, que priorizaba la libre circulación de bienes y capitales, sentando las bases para la creación del TLCAN décadas después.
El sistema de maquiladoras y la formalización del TLCAN
En los años 60, se empezaron a establecer fábricas de propiedad estadounidense a lo largo de la frontera con México, en lo que se denominó el sistema de maquiladoras. Estas fábricas se beneficiaban de condiciones arancelarias favorables y una fuerza laboral mexicana más barata. Este modelo de producción fue un antecedente directo del TLCAN, que vino a formalizar y expandir este tipo de relaciones comerciales. El acuerdo, firmado en 1992 por el presidente estadounidense George H. W. Bush, el primer ministro canadiense Brian Mulroney y el presidente mexicano Carlos Salinas, fue presentado como un impulso al comercio libre entre los tres países, aunque su ratificación en Estados Unidos enfrentó una ardua batalla política.
Durante la campaña presidencial de 1992, el TLCAN fue uno de los temas más controvertidos. El entonces candidato Bill Clinton prometió su apoyo al tratado bajo la condición de que se incluyeran acuerdos separados para proteger los derechos laborales y el medioambiente. Sin embargo, los acuerdos que se lograron fueron considerados ampliamente simbólicos, sin mecanismos efectivos para su implementación o sanciones ante incumplimientos. A pesar de la oposición de sindicatos y de una parte significativa de la ciudadanía estadounidense, el TLCAN fue aprobado en el Congreso. Clinton, convencido de que el tratado impulsaría las exportaciones y crearía empleo, convirtió el acuerdo en ley en 1993 tras una intensa y polémica votación.
Impactos económicos del TLCAN en el empleo y el sindicalismo de los Estados Unidos
No obstante, los efectos del TLCAN sobre el empleo en Estados Unidos no fueron los previstos. Un estudio publicado en 2021 reveló que las regiones más dependientes de industrias afectadas por el tratado sufrieron una caída del empleo del 6%. A largo plazo, muchas de estas áreas experimentaron una reorientación política, pasando de apoyar al Partido Demócrata a respaldar a candidatos republicanos, lo que evidenció un cambio significativo en el mapa político del país. Este realineamiento fue en parte una respuesta al descontento de los trabajadores, quienes vieron cómo las políticas de libre comercio afectaban negativamente sus condiciones laborales.
El TLCAN también tuvo un impacto profundo en el sindicalismo estadounidense. El tratado fomentó una dinámica empresarial que utilizaba la amenaza de deslocalización para debilitar los intentos de sindicalización y reducir los salarios. Las empresas, aprovechando las ventajas del libre comercio, comenzaron a reubicar sus operaciones en países donde los costos de producción eran menores, particularmente en México. Como resultado, los trabajadores se enfrentaron a una creciente inseguridad laboral, y los sindicatos, que ya venían debilitados, vieron cómo sus tasas de afiliación caían de manera drástica.
Las consecuencias políticas del TLCAN
Este declive sindical tuvo consecuencias políticas para el Partido Demócrata, que históricamente había contado con el apoyo de los trabajadores organizados. La aprobación del TLCAN, junto con otras políticas neoliberales promovidas durante la presidencia de Clinton, como la derogación de la Ley Glass-Steagall y la concesión del estatus de nación más favorecida a China, marcó un distanciamiento entre el partido y sus bases obreras. Estas decisiones alejaron a muchos trabajadores de las filas demócratas, quienes comenzaron a volcarse hacia candidatos republicanos, especialmente en regiones industriales golpeadas por la globalización.
Además de las pérdidas laborales, el TLCAN exacerbó la presión sobre los gobiernos locales, que en su intento por retener empresas, cedieron en aspectos clave como la regulación ambiental y las leyes de zonificación. Este ambiente de competencia por atraer y retener inversiones debilitó las normativas laborales y ambientales, ampliando las desigualdades sociales y económicas en ciertas regiones.
Por otra parte, algunos líderes demócratas adoptaron una estrategia para compensar la pérdida de apoyo en las zonas industriales mediante la captación de votantes moderados en suburbios. Esta estrategia fue expresada claramente por el senador Chuck Schumer, quien sugirió que el partido podía ganar a dos votantes moderados por cada trabajador que perdiera en las zonas industriales. Sin embargo, esta estrategia también enfrentó dificultades, ya que el resentimiento de los trabajadores desplazados y el debilitamiento del sindicalismo afectaron la cohesión de la base electoral del partido.
El impacto del TLCAN fue significativo no solo en términos económicos, sino también en la dinámica política y social de Estados Unidos. Las decisiones políticas que rodearon su aprobación y las medidas tomadas en su implementación contribuyeron a una transformación profunda del panorama político, con un debilitamiento de los sindicatos y un alejamiento del Partido Demócrata de sus bases tradicionales. Esta transformación fue un reflejo de las tensiones más amplias entre la globalización económica y las demandas locales de protección laboral y social, que seguirían marcando el debate político en las décadas siguientes.
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), firmado en 1994, fue un punto de inflexión en la historia económica de Estados Unidos, México y Canadá, cuyas repercusiones se sienten hasta la actualidad. El acuerdo impulsó una transformación drástica en la estructura industrial de los Estados Unidos, especialmente en las regiones conocidas como el Cinturón del Óxido, donde se concentraban fábricas y plantas manufactureras que fueron esenciales para el crecimiento económico del país durante gran parte del siglo XX. Milwaukee, junto con otras ciudades industriales, se vio fuertemente impactada por la pérdida progresiva de su base manufacturera, culminando en 2024 con el cierre de instalaciones que durante generaciones habían producido cerraduras emblemáticas. Este evento simboliza el último capítulo en la lenta decadencia industrial de la región.
La desindustrialización y el impacto social del TLCAN
El TLCAN, que eliminó los aranceles sobre el comercio entre Canadá, México y Estados Unidos, facilitó la libre circulación de capitales e inversiones extranjeras, permitiendo a las grandes corporaciones trasladar sus operaciones a países donde los costos laborales eran más bajos. Aunque este proceso trajo productos más baratos a los consumidores y generó grandes beneficios para los inversionistas y el sector financiero, sus efectos adversos se concentraron principalmente en la clase trabajadora. Los trabajadores de las industrias manufactureras, que habían disfrutado de empleos bien remunerados y estabilidad, vieron cómo sus puestos de trabajo desaparecían a medida que las fábricas se trasladaban al extranjero. En particular, los acuerdos de libre comercio como el TLCAN contribuyeron a la deslocalización de la producción hacia países en desarrollo, especialmente México, donde los costos laborales eran considerablemente más bajos.
La desindustrialización, impulsada en parte por el TLCAN, afectó profundamente a la clase trabajadora estadounidense, erosionando su bienestar económico y social. Si bien el fenómeno de la desindustrialización tiene múltiples causas, como la automatización y los ciclos de recesión, los acuerdos de libre comercio fueron un factor central en este proceso. Según un estudio del Instituto de Política Económica (EPI), el comercio con países de salarios bajos ha reducido los ingresos de los trabajadores estadounidenses sin título universitario en aproximadamente 2,000 dólares al año, incluso teniendo en cuenta el ahorro que generaron los productos más baratos. Este declive económico también tuvo consecuencias significativas para la salud de los trabajadores. Investigaciones de los economistas Angus Deaton y Anne Case documentaron cómo la pérdida de empleos industriales ha contribuido a un descenso en la esperanza de vida entre los trabajadores sin educación universitaria, creando una brecha de ocho años en comparación con aquellos que completaron estudios superiores. La combinación de pérdida de empleos y falta de representación política fue vista por Deaton como una de las principales razones del deterioro de la calidad de vida de la clase trabajadora.
Cambios en el panorama político con la llegada de Trump
El impacto del TLCAN no se limitó al ámbito económico. Las consecuencias políticas del tratado fueron igualmente profundas. Entre 1997 y 2020, más de 90,000 fábricas cerraron en Estados Unidos, contribuyendo a un cambio en el panorama político en regiones clave del país. Estados como Wisconsin, Míchigan y Pensilvania, que habían sido bastiones del Partido Demócrata, experimentaron un giro hacia el Partido Republicano, en parte como respuesta al descontento con las políticas de libre comercio. En las elecciones de 2016, Donald Trump capitalizó este sentimiento al atacar frontalmente el TLCAN, calificándolo como "el peor acuerdo comercial de la historia". Trump ganó el apoyo de una gran parte del electorado en los estados del “muro azul”, donde los efectos de la desindustrialización habían sido devastadores. Las encuestas mostraron que dos tercios de los votantes que creían que el libre comercio había destruido empleos estadounidenses apoyaron a Trump, contribuyendo a su victoria en esos estados clave.
El ascenso del populismo de derecha en Estados Unidos, representado por figuras como Donald Trump y JD Vance, fue en parte una reacción al impacto negativo del TLCAN en la clase trabajadora. Trump, a lo largo de su mandato, adoptó una postura nacionalista y económica que se oponía a los acuerdos de libre comercio, promovía la seguridad social y fomentaba un sentimiento antiinmigrante, aunque con frecuencia recurrió a afirmaciones falsas, como la idea de que casi toda la creación de empleo reciente había sido captada por inmigrantes. Este discurso resonó con muchos trabajadores industriales que se sentían abandonados por las políticas tradicionales de los partidos políticos. Trump logró así atraer a un segmento significativo de votantes que anteriormente habían apoyado al Partido Demócrata.
JD Vance, senador por Ohio y uno de los líderes de esta nueva generación de republicanos autodenominados "protrabajadores", también ha criticado el TLCAN, enfatizando su impacto en la pérdida de empleos industriales en su estado. Durante la Convención Nacional Republicana de 2024 en Milwaukee, Vance aprovechó la oportunidad para atacar a Joe Biden, recordando que el presidente apoyó el TLCAN durante su carrera política. Este enfoque refleja cómo el discurso contra el libre comercio sigue siendo una herramienta política poderosa para movilizar a los votantes afectados por la desindustrialización.
La postura de Joe Biden frente al TLCAN
Sin embargo, Joe Biden ha modificado su postura sobre el libre comercio. En las elecciones de 2020, derrotó a Trump recuperando por un estrecho margen los estados del “muro azul”, gracias a una campaña centrada en su plan de "Reconstruir mejor". Este plan prometía inversiones en manufactura, energía limpia y programas sociales, con el objetivo de revitalizar las economías locales y proteger a los trabajadores. Aunque el plan no fue aprobado en su totalidad por el Congreso, algunos de sus elementos se incorporaron a la legislación clave de la administración de Biden, incluida la Ley de Reducción de la Inflación. Esta legislación incluyó medidas para proteger a los trabajadores estadounidenses, como la ampliación de los aranceles impuestos por Trump sobre ciertos productos chinos y el aumento de los aranceles sobre vehículos eléctricos, con el fin de fortalecer la industria local y preservar empleos.
A lo largo de su mandato, Biden ha intentado consolidarse como un defensor de los trabajadores y de los sindicatos. En un discurso ante la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO), Biden afirmó que había cumplido su promesa de ser el "presidente más favorable a los sindicatos en la historia". Aunque la afiliación sindical en el sector privado ha alcanzado mínimos históricos, la administración de Biden ha tomado medidas para fortalecer las protecciones laborales. La representante comercial Katherine Tai, quien desempeña un papel clave en la formulación de políticas comerciales, ha abogado por un enfoque "centrado en el trabajador". Este enfoque busca garantizar que los trabajadores tengan una mayor participación en la creación de políticas comerciales, con el objetivo de mitigar los efectos negativos del libre comercio.
El USMCA como continuación del TLCAN
El Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (USMCA) de 2020, que renegoció el TLCAN bajo la administración de Trump y los inicios de la administración del Andrés Manuel López Obrador, incluyó varias disposiciones orientadas a proteger a los trabajadores, especialmente en México. Katherine Tai, quien fue la principal negociadora de los demócratas en el Congreso, logró incorporar medidas que ampliaron las protecciones para los trabajadores mexicanos y facilitaron la creación de sindicatos, imponiendo multas a las empresas que violaran estos derechos. A pesar de estos avances, los desafíos persisten. Las empresas estadounidenses continúan trasladando sus operaciones al extranjero, como fue el caso de Stellantis, que en 2023 trasladó la producción del Jeep Cherokee de Illinois a México. Asimismo, CNH, un importante fabricante de maquinaria agrícola, anunció despidos masivos en Wisconsin al trasladar sus operaciones a México.
En conclusión, el TLCAN transformó la economía de Estados Unidos, beneficiando a ciertos sectores pero causando un daño irreversible a la base industrial y a la clase trabajadora. Las políticas de libre comercio contribuyeron a la desindustrialización, debilitando a los sindicatos y polarizando el panorama político. Aunque recientes intentos de proteger a los trabajadores y revitalizar la industria nacional han sido bien recibidos por algunos, las fuerzas que desataron la globalización y el libre comercio siguen ejerciendo presión sobre la economía, dejando a Estados Unidos en un complejo escenario de ajuste y recuperación.
Contradicciones en las políticas laborales del Partido Republicano
Oren Cass, líder intelectual de la facción "pro-obrera" del Partido Republicano, ha abogado por una mayor atención a la clase trabajadora en su retórica. Sin embargo, su participación en la iniciativa Proyecto 2025 revela un enfoque contradictorio. Este proyecto propone políticas que buscan restringir los derechos laborales, como la eliminación de los sindicatos de empleados públicos, la reducción de la protección contra el trabajo infantil y la limitación del pago de horas extras. Estas propuestas sugieren un debilitamiento de las garantías laborales en lugar de un fortalecimiento de los derechos de los trabajadores.
Donald Trump, por su parte, ha manifestado en reiteradas ocasiones su apoyo a la clase obrera, llegando incluso a dar visibilidad a figuras sindicales como Sean O’Brien, presidente del sindicato de los Teamsters, en eventos de alto perfil. A pesar de estos gestos, el historial de Trump como presidente presenta un panorama diferente. En 2017, en un mitin en Ohio, prometió la reactivación de fábricas cerradas, como las plantas de acero que alguna vez fueron el motor económico de la región. Sin embargo, en 2019, se produjo el cierre de la última gran fábrica de General Motors en la zona, afectando a miles de trabajadores.
Las políticas comerciales y fiscales implementadas durante el gobierno de Trump también tuvieron un impacto negativo en el empleo manufacturero. A pesar de sus promesas de traer de vuelta la industria a Estados Unidos, el déficit comercial alcanzó niveles no vistos desde 2008, y sus recortes de impuestos de 2017 incentivaron a las empresas a trasladar empleos al extranjero. Según Global Trade Watch, durante su administración, más de 300,000 empleos se perdieron debido a la deslocalización y al comercio internacional.
Además, tanto Trump como Vance han manifestado su oposición a la Ley de Protección del Derecho de Sindicalización, una legislación que facilitaría la formación de sindicatos y protegería los derechos de los trabajadores. Esta postura refleja una tendencia dentro del Partido Republicano que, aunque retóricamente apoya a los trabajadores, en la práctica promueve políticas que los desprotegen y benefician a las corporaciones.
Conclusión
El TLCAN dejó una marca indeleble en la economía y política de Estados Unidos. Aunque trajo beneficios a ciertos sectores, aceleró la desindustrialización y debilitó los sindicatos, lo que a su vez impactó la base electoral del país. Las promesas de revitalización industrial hechas por figuras como Donald Trump no han logrado revertir los efectos negativos del tratado, mientras que los esfuerzos recientes de la administración Biden, como la renegociación del USMCA, buscan mitigar los daños. A medida que el debate sobre el comercio internacional continúa, el legado del TLCAN sigue siendo un tema crucial en la política económica de Estados Unidos.

